Morriña
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española:
morriña.
(Del gall. port. morrinha).
1. f. coloq. Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal.
Hoy he tenido uno de esos momentos que te invitan a viajar unos segundos en el espacio-tiempo. El sabor de una castaña asada que no sabía como las demás sino como las de mi infancia, me ha hecho viajar a un pasado del cual ya no me acordaba. Un pasado de tardes otoñales frías en mi casa, calentito en la mesa camilla, ocupado en comerme castañas que mi madre había cocido o asado (depende del momento) en una pausa de su trabajo de costurera. A un lado de la mesa, los deberes, algo más lejos, el televisor en blanco y negro que emitía uno de esos programas de cuando se respetaba el horario infantil.
Supongo que soy mayor, incluso que soy indulgente con la memoria de mi infancia, pero debo de dar gracias porque creo que aún con muchos problemas de dinero fui esencialmente feliz (gracias al sacrificio de mis padres). Y eso me abre la puerta a otra realidad, la realidad de que lejos de mi pueblo natal, hoy en día tengo mi casa en Málaga, y son mis dos hijos los que me han hecho malagueños. Y son estos hijos a los que yo estos días les llevo castañas para que se acuerden de mí dentro de muchos años cuando un sabor efímero les trasporte a estos momentos.
Y volviendo al título, no, no hecho de menos a mi pueblo. ¿Y vosotros?
14.11.2006 a las 19:04
Yo podría calcar todo lo que has dicho salvo lo de los hijos, jeje.
Aunque yo no estaba en el pueblo, estaba en Málaga, los fines de semana siempre iba al pueblo de mis padres.
Yo no echo de menos mi pueblo, o mejor dicho mi ciudad (el pueblo “era” de mis padres), básicamente porque aunque resido durante la semana en Almería, todos los fines de semana estoy en casa con los míos. He calculado que aproximadamente más de un tercio de la semana lo paso en Málaga, así que no me da tiempo a echarla de menos, lo que siempre echo de menos es a mi gente.
15.11.2006 a las 08:55
Yo la Málaga que recuerdo ya no existe: cada vez me resulta más ajena. Cuando bajo suelo dar algunos paseos a pie. La constante ultimamente es: aquí antes había XXX, ¡anda! ¡han puesto un YYY aquí! Así que a veces vuelvo con algo de morriña y otras, como la última, subo pensando que para atascos y bullas prefiero quedarme con los de Madrid, que ya me suenan.
15.11.2006 a las 08:56
Yo tampoco echo de menos mi ciudad, francamente (mucho más después de casi veinte años fuera). De hecho, por mí se puede quedar donde está (como se ve, no sólo no la echo de menos).
En cualquier caso lo que importa es, como dice FranSii, la gente, no el lugar.
15.11.2006 a las 09:05
Como soy muy casero, mi hogar está donde está mi casa. Echo algo de menos Málaga, pero disfruto Sevilla. Lo que sí echo de menos es mi gente, claro. Y más que la voy a echar, porque me parece que me voy a quedar por aquí unas cuantas temporadas.
También siento morriña de mi infancia feliz en Puerta Blanca. Pero claro, eso va con la edad
15.11.2006 a las 09:29
Haddhar, una pregunta: cuando viajas a Sevilla… ¿”vas” o “vuelves”?
15.11.2006 a las 10:29
Una pregunta MUY aguda, Sr. Lupión. Por ahora evito el dilema, hablo de “bajar” a Málaga y “subir” a Sevilla. No me preguntes por qué no es al revés, supongo que subsconscientemente pienso que Sevilla estará a una cota de altitud sobre el mar mayor que Málaga.
La gente lo tiene más claro. Me preguntan “¿cuándo vienes?” “¿te vuelves esta tarde?”.
15.11.2006 a las 10:46
Es más dramático cuando tu medio de transporte es el tren. No sé durante cuánto tiempo el viaje Madrid-Málaga lo hacía *cerrando la vuelta* de un billete anterior. Pudo ser más de un año, no lo sé bien. Un día, de pronto, me di cuenta de que las vueltas eran Málaga-Madrid. Y entonces supe que mi casa ya no estaba en Málaga.
Otro detalle es cuando abres la puerta de casa de tus padres y ya no huele a tu casa.
15.11.2006 a las 11:39
Tienes razón, Juan. Recuerdo aún como cuando compré mi piso en Málaga y le decía a mis padres algo como “pues en mi casa…”, torcían el gesto y decían “tu casa es ésta también”, pero claro, como la casa de mis padres solo la he pisado en vacaciones desde los 18, pues como que no es lo mismo. Si aún vivieran en la casa en la que crecí, lo mismo sería diferente, pero esa la tuvimos que abandonar a mis tiernos 12 añitos (algún día contaré algo de eso).
15.11.2006 a las 12:31
¡¡Qué entrada tan bonita, Arthur!!
Yo últimamente también estoy un poco “recordatriz”… veo que tengo la edad con la que mis padres ya hacía tiempo que eran mis padres, veo a los hijos de algunos amigos que tienen la edad en la que esos amigos y yo nos conocimos… vamos, que veo que tengo ya unos añitos
Mi infancia también fue muy feliz, llena de recuerdos tan normales y a la vez tan tiernos como el que has descrito. Nunca podré darles las gracias a mis padres lo suficiente… y ojalá que yo sepa darles a mis futuros churumbeles algo parecido.
Y respecto a mi ciudad natal, me encantó durante los 18 años que viví allí. Cuando me vine a Málaga, pasó a parecerme horrorosa y cutre. Y ahora hemos hecho las paces: le tengo cariño, reconozco que tiene un clima y un entorno inmejorable, me gustaría que mis churumbeles (oiiiii, cómo estoy
) la conocieran… pero no pienso volver
22.11.2006 a las 12:39
[...] Retomando la entrada que se titula “morriña” (espero no equivocarme, porque lo hago de memoria) hoy se cumplen 21 años desde que tuve un ataque de apendicitis, aunque lo que recuerdo de ese infausto día no es el dolor agudo que te produce esa enfermedad, lo que recuerdo de ese día es que estaba tumbado en el sofá de la casa de mis padres (es decir, mi casa de toda la vida) viendo en el televisor en blanco y negro como llevaban una caja recubierta por una bandera encima de un carruaje tirado por caballos y un montón de gente de uniforme y otras sin el delante y detrás en procesión. Parece ser que estaban dandole el último paseo a un personaje que nombraban mucho y que llebaba mucho tiempo mandando y ordenando lo que había que hacer en éste nuestro país. [...]